Mi alma está abatida al andar yo enlutado por la iniquidad del Régimen1, verdadero enemigo de Colombia y la cristiandad, y por quienes a su amparo se comportan como enemigos de la paz ──generación de malignos, hijos pervertidos de la patria; gente codiciosa, egoísta, aviesa, e inicua, con sangre vindicativa, y no pocos de ellos actúan con arrogancia insensible detrás del Estado, y caen en abismos de protervia con sus vesánicos procederes; y más se abate mi alma cuando veo en la gente ingratitud, insolidaridad, intolerancia, insensibilidad e indiferencia ante el dolor ajeno, como si la injusticia social que raya en la extrema pobreza y en la miseria e indignidad humanas, no tocare a su puerta ──tal cual es imposible, irreconocible e inaceptable, mientras haya pocos ricos (0.1%) viviendo en la opulencia, y muchos pobres (75%) en la miseria casi absoluta; y cuanto más cuanto observo en nuestra sociedad impasibilidad y miedo ante el poder ──lo que caracteriza a un pueblo sin carácter, sin conciencia de la supremacía del poder social soberano desorganizado de la nación frente al poder militar organizado del ejército──, cuando no es complicidad en los silencios del oprobio, e hipocresía social; y por el lado de la Política y el Régimen, observo cómo se enmascaran tras fines y objetivos nada democráticos, como si la Política siempre hubiese sido sucia, o si no quedado sucia hace ya más de un siglo cuando cayó bajo el dominio del clientelismo ──cuando no es bajo la dominación del imperialismo estadounidense, con la secesión de Panamá── y se sometió a la preponderancia del dinero, para poder doblegar la opinión pública y aprovecharse de las oportunidades de mando y de los gajes del Estado, y cómo si el Régimen siempre hubiese estado usurpando el constituyente desde la fundación de la república hasta nuestros días.
Cómo nadie he querido, en lo más profundo de mi alma, que el destino, en lo tocante a mi patria, hubiese sido diferente. Sin embargo, creo que hay cosas malas que suelen suceder para que otras cosas buenas sucedan como lo confirma el testimonio de la historia de los pueblos; es apenas una relación lógica de causalidad.
Mi compromiso para con la vida, es la búsqueda de la Verdad y la lucha por la Libertad, rompiendo las cadenas de la opresión del Régimen, y sólo a través de las ideas y el poder del conocimiento, él de la Verdad histórica ──no acomodada──, la de la propia realidad nacional y el mundo circundante.
Si entre el sinnúmero de cosas que contiene esta obra ──sin paralelo alguno que se le compare, al menos en el medio colombiano──, se encuentra alguna que pueda ofender ──de por sí que lo creo por las diversas cuestiones candentes aquí tratadas alrededor de un plan secreto que, de tiempo atrás, ha sido deliberadamente diseñado para dominar el mundo, por un selecto grupo de políticos, empresarios y banqueros y poderosas personas influyentes, que se reúnen y suceden año tras año, y toman decisiones sobre política exterior que simplemente suceden en el contexto de las naciones, a la sombra de los organismos internacionales conocidos, en los que tiene intereses creados las grandes potencias, especialmente los EE.UU──, sépase que no la puse en ella con mala intención, la naturaleza no me ha dado un espíritu desavenedizo. Así como Platón daba las gracias al cielo por haberle hecho nacer en tiempos de Sócrates, yo se las doy por haber nacido en el Régimen vigente, por haber querido que yo viva con el gobierno actual, del que personalmente disiento por su manifiesto autoritarismo de Estado, que encubre terrorismo de Estado; y que ha desencadenado en una lucha de fuerzas sociales y políticas que hacen resistencia al Régimen, por efecto bumerang.
Y que, frente al realismo político, sólo deja traslucir las fuertes tensiones e intereses que se mueven detrás del poder, esto es, de espaldas a la nación, en el juego de la pseudo democracia, y que, apunta al oscurantismo institucional, a la incultura popular, esto es, a mantener al pueblo en estado de ignorancia permanente por conveniencia del estrato dirigente y gobernante; y en sentido paralelo, y coadyuvante con el Régimen, la Iglesia católica hace lo propio, previniendo su levantamiento contra los gobiernos autoritarios y los regímenes opresivos.
Así como MONTESQUIEU pedía una gracia a todo aquel que leyera su obra DEL ESPÍRITU DE LAS LEYES, yo pido una también, y temo como él que no se me conceda: la que no se juzgue a la ligera un trabajo de veinticinco años; la de que se apruebe o se condene la obra entera, no un volumen cualquiera o algunas expresiones. Quien desee buscar el designio del autor, no lo descubrirá sino en el conjunto de toda la obra.
He examinado antes que nada los hombres políticos; he pensado que en esta diversidad de leyes y costumbres no eran conducidos únicamente por sus ideales sino movidos exclusivamente por sus mezquinos intereses y sus pérfidas pasiones; he observado que en el juego de los factores reales y efectivos del poder que dominan una sociedad (en desarrollo), hay quienes actúan utilitariamente detrás del Estado, de la Iglesia y del Sindicato, y se valen de estos entes abstractos, y en nombre del Estado, de la Iglesia y del Sindicato, hacen absolutamente lo que quieren, en sus respectivos ámbitos de influencia y dominio. Los que se han adueñado del Estado, no lo ponen al servicio del pueblo sino de la plutocracia, estando el ejército al servicio del Régimen, y no de la nación; por lo que se oficia una política sucia contaminante de todo lo que al establecimiento pertenece: el congreso, los partidos, la prensa, los grupos económicos, los sindicatos, la policía y la enseñanza; y en sentido paralelo y semejante, el Estado vaticano también hace lo propio.
He sentado los principios; he visto los casos de opresión estatal y eclesial ajustarse a ellos, ser consecuencia de ellos la incultura general e inconsciencia colectiva, la iniquidad del Régimen y el miedo ante el poder, por el lado estatal, y por el lado eclesial, la incultura general y alienación de los fieles creyentes dogmatizados, e iniquidad paralela del Régimen y el miedo ante el poder engañoso; he visto los casos de opresión sindical ajustarse también a ellos, ser consecuencia de ellos la incultura general e inconsciencia colectiva de la base, y la iniquidad extensiva del Régimen y el miedo ante el poder militar-industrial global; he visto en otras latitudes (Venezuela) casos sin precedentes históricos de contrarrevolución democrática ajustarse a ellos, ser consecuencia de ellos la política sucia del Régimen ──que es aquí allá, el vehículo contaminante del establecimiento──, que de suyo los reafirman; y he visto que cada ley muestra un lado oscuro, por lo que yo llamo aquí la careta de la ley.
No he deducido mis principios de mis prejuicios; los he sacado de la naturaleza humana y de la naturaleza de las cosas, mediante la observación cotidiana de la propia realidad nacional, tal como lo hizo tres siglos atrás MONTESQUIEU, en Francia.
Aquí se dejarán sentir muchas verdades, cuando se haya visto la cadena que las une a otras. Cuanto más se reflexione sobre los detalles en ilación con las cuestiones tratadas, mejor se comprenderá la certidumbre de los principios.
Yo no escribo para ser un espectador más cuanto impasible de la violencia política; sépase que escribo decididamente para censurar el Régimen que se haya establecido en Colombia (y demás países), al igual que en el Estado Ciudad del Vaticano y/o reino ilegítimo de Satanás, en él que ha sido fusionado el poder político y el poder religioso. Cada régimen encontrará aquí las razones de su disensión por terceras fuerzas opositoras, o de su resistencia civil, clerical y seglar, incluso de su resistencia popular armada por la izquierda revolucionaria; y se sacará naturalmente la consecuencia de que, proponer cambios radicales como los que se formulan en esta obra, corresponde solamente a todos aquellos individuos que, en su conjunto, resultan oprimidos y marginados, por los poderes públicos, eclesiásticos y civiles.
Por su parte, y ya en sentido extremo: Cada nación encontrará aquí las razones de sus máximas, y cada sociedad encontrará aquí las razones de su propio escepticismo en la cosa política; y se sacará naturalmente la consecuencia de que no hacer resistencia civil ──clerical y seglar, con respecto a la Iglesia católica farisaica y/o Estado vaticano fornicador── frente a la resistencia política al cambio de Constitución y Régimen ──y al retorno a la antigua unidad alrededor de Dios en Sión, con respecto a la iglesia ídem──, implica <<dejar hacer dejar pasar>> actos de poder y gobierno nada democráticos; y ello ocurre, naturalmente, porque el Estado ──y la iglesia en lo que es de su ámbito── siempre ha estado tradicionalmente desbordando el cauce jurídico y ético ──y bíblico y canónico, respecto de la Iglesia católica──, que le sirve de límite, situándose por fuera del derecho y la moral. Lo mismo se puede predicar del Estado vaticano, y del Sindicato en su singular caso-tipo comodín, dentro del juego de las relaciones de poder.
Que el pueblo ──y más la clase obrera──, se ilustre en la cuestión política no es cosa que me resulte indiferente. Los prejuicios de los magistrados ──cuando no es propiamente de los legisladores o de los gobernantes── empezaron siendo prejuicios de la nación. En época de incultura institucional, es cuando más se debe reaccionar contra el minoritario estrato dirigente y gobernante que defiende el oscurantismo ──al igual que lo hace la curia romana── como doctrina de la marginalidad cultural; pues, es, una verdad de a puño que a la clase popular se le mantiene en estado de ignorancia permanente por conveniencia de los usurpadores del Constituyente, del lado estatal, y de los usurpadores de la autoridad originaria apostólica, del lado eclesial, cuando no es de los usurpadores de la base constituyente, del lado sindical; en tiempos de luces, la verdad perdida... vuelve y aparece fulgurante en la conciencia colectiva de toda sociedad.
Se ven cómo mal obran quienes actúan detrás del Estado, sin que les importare para nada lo que pudiera pensar el pueblo. Al par que se ven prácticas propias de terrorismo de Estado, promovido por los gobiernos con violación sistemática de los derechos humanos y las libertades públicas por parte de los <<agentes del Estado>>, de Estado Mayor Castrense, y paramilitar en sentido paralelo; al igual que se ven acciones contestatarias de las fuerzas armadas insurgentes.
Se ven cómo desaparece la virtud y las buenas costumbres cuando se quiebran los principios de legalidad, legitimidad, autoridad y poder, y se quebrantan los valores jurídicos fundamentales de todo orden jurídico y democracia, genuinos, lo que degenera en la corrupción de cada régimen; traduciéndose en ilegitimidad del Estado de hecho por falseamiento del Estado de derecho y la justicia.
Y, para colmo de males, se ven cómo los miembros de la clase que se asienta en el poder, de que hace parte el estrato dirigente y gobernante, planean y ordenan y ejecutan asesinatos a nombre de la ley con impunidad, especialmente de sus enemigos políticos, cuando no es que hacen exclusión de la sociedad civil escéptica en la cosa política, no votante; legitimándose de hecho lo que es, y no puede ser de otra manera, sino absolutamente ilegitimable por las altas cortes; a lo que se contrae la implantación del absolutismo constitucional enmascarado de constitucionalismo tras la perpetuación del Régimen en el poder, con engaños y mentiras.
Como resultado, se puede ver que tanto ayer como hoy día, hay un Estado interior para la minoría y un Estado exterior para la mayoría, y una Iglesia interior para la minoría y una Iglesia exterior para la mayoría; y que, por la política sucia contaminante del establecimiento, hay también un Sindicato ──tipo comodín── interior para la minoría y un Sindicato exterior para la mayoría. Es por ello que, en su funcionamiento cada una de estas entidades tiene dos caras: una oculta, y otra visible; una aparente, y otra real. Lo que es tanto como analizar el Estado y la Iglesia y el Sindicato, por dentro y por fuera. Al tiempo que se ven prácticas propias del clericalismo de Estado desde los púlpitos de las iglesias, incluso utilizando los medios, coadyuvando con el apaciguamiento y la sumisión absoluta de los fieles creyentes dogmatizados al Régimen, porque así está establecido por la providencia, según lo hace creer el magisterio oficial y doctrinal, aun siendo este válido en lo extrínseco pero intrínsecamente injusto. Aquí, se ven, cómo se entrelazan el Estado mundano y la Iglesia católica (y/o Estado vaticano) como dos poderes omnímodos y vituperables. Sin embargo, se puede vislumbrar, hacia el final del sinuoso túnel del oscurantismo, algo...como una luz en la oscuridad...y que no es otra cosa distinta que la esperanza...en el conocimiento, él de la Verdad histórica al desnudo, la de la propia realidad nacional; la que por sí misma se sostiene, y la única que hará libre a los pueblos de la América sacrificada.
Por eso, y por mucho más, hago mías algunas de las palabras de JOSE MARIA VARGAS VILA, consignadas en el prólogo de Los Providenciales de su obra LOS DIVINOS Y LOS HUMANOS, y agrego algunas otras entre líneas: “Yo no sé mentir ante el Poder, ni callar ante el Deber; yo no sé de los silencios intencionales del momento; sólo comprendo los silencios definitivos de la muerte; los acontecimientos y los hombres, son impotentes para hacerme callar; sólo la muerte tendría ese poder; no sé vivir en los silencios del oprobio; el silencio culpable me quema los labios como los carbones encendidos al Profeta; de ahí que la divisa de mi vida dolorosa y combatiente ──pero no con las armas del Régimen, sino con el blasón del conocimiento: la Verdad histórica, la verdad escrita, la cruda verdad de nuestra propia realidad nacional, mi única arma que esgrimo tanto en la dialéctica como en la crítica──, haya sido siempre: luchar sin tregua contra el Mal ──él de la iniquidad del Régimen y la alienación institucional paralela: Mal de males de la nación, por la opresión estatal y vaticana y eclesial per se; luchar, luchar, luchar ──y no propiamente como ideólogo revolucionario (que no lo soy), sino como jurisconsulto e investigador social y escritor político; pero más como hombre y librepensador que como militante de algún partido o que como fiel de alguna religión2; y hacer palidecer a los déspotas, lanzándoles las verdades con rumor de tempestad sobre la frente; ¡hacer luz, tanta luz en la conciencia humana, que mañana, cuando amanezca, se hayan visto desaparecer para siempre en el fulgido horizonte la sombra del último Providencial tras la huella del último lacayo!”.
Si yo pudiera hacer de modo que todo el sistema sindical se unificara en una sola central obrera, y que fuera eco del llamado de la historia a desempeñar su papel con firme determinación de no <<dejar hacer ni dejar pasar>> actos de poder y gobierno arbitrarios sin el consecuente ejercicio del derecho legítimo a la protesta social antigubernamental, yo me creería el más feliz de los hombres.
Si pudiera hacer de suerte que los que mandan sean los de abajo ──el pueblo, o las gentes de base en su singular caso──, y los que obedezcan sean los de arriba ──los dirigentes y gobernantes──, por acción real y efectiva del pueblo en ejercicio de su soberanía frente al Estado plutocrático, encaminada a tumbar el Régimen y a rescatar para sí el poder soberano, de las siniestras manos del Régimen usurpador del constituyente, me creería el más feliz de los hombres.
Y me creería el más feliz de los hombres, si pudiera conseguir que las gentes de base de toda asociación o corporación profesional vencieran el miedo ante el poder; y que a la par se organizaran y concienciaran, para poder tumbar el propio Régimen interno ──tal cual paradójicamente también las oprime── y rescatar para sí el poder soberano, parte del pueblo, proyectándose en la vida pública de la nación como fuerza social mayoritaria ──tras la conquista del poder político── y determinante para el cambio de las estructuras sociales, económicas y políticas, injustas.
Procurando instruir a los hombres, a las mujeres y a los niños es como puede practicarse la virtud del amor cristiano: amar al prójimo como así mismo, que comprende el amor de todos los que vivimos en este país. Plegándose el hombre, ser flexible, a los pensamientos y a las impresiones de los demás, es, como bien dice MONTESQUIEU, "igualmente capaz de conocer su propia naturaleza cuando se le hace ver, y de no sentirla siquiera cuando la desconoce".
He comenzado varias veces esta obra y otras tantas la he abandonado: unas veces por perseguir mi objeto sin un plan específico, otras veces por imponderables cosas del destino; riesgos tuve que correr para descubrir la verdad que buscaba con denuedo, para luego perderla; pero cuando al cabo he descubierto mis principios, todo lo que yo buscaba me ha salido al encuentro, y en el transcurrir de todo ese tiempo he visto empezar, crecer y terminar mi obra.
Hoy, puedo decir no sin falsa modestia, que después de incontables sacrificios y de no pocos desvelos y de una que otra tribulación, tengo la satisfacción profesional del deber cumplido, en cuanto a dar a conocer esta investigación, mis tres libros, mi obra fundamental de la Política: 1. EL REGIMEN USURPADOR DEL CONSTITUYENTE Y LA ESCLAVITUD TOTAL; 2. LA FAZ OCULTA DEL REGIMEN ENEMIGO DE COLOMBIA...Y LA CRISTIANDAD; y, 3. HAY QUE TUMBAR EL RÉGIMEN, Y RECUPERAR..., Y AMAR..., Y GUARDAR..., LA PIEDRA ANGULAR DE LA IGLESIA; frutos que, mi mano diestra ──la de mi sino── recogió del Árbol de la Vida por el preciado talento que me fue dado al venir al mundo para cumplir con el papel que me correspondió desempeñar durante mi existencia, de suyo temporal como la de todos los demás hombres; es larga la trayectoria recorrida de aquellos días de juventud y formación académica a hoy de madurez intelectual, y uniendo el camino trasegado, a ella se le puede ver ardida por la llama del amor de la Libertad; ése ha sido mi numen, y como lo dijo ayer JOSE MARIA VARGAS VILA, yo lo digo hoy como él: “en los libros que escribí ayer; como en los libros que escribo hoy; y, en los que escribiré mañana; sin una sola vacilación; sin un síntoma de eclipse; ése es mi orgullo, morir sin haber capitulado”. Capitulan los ejércitos, no los pensadores; se rinden las armas, no las ideas.
Si esta singular investigación, y colección: Obras fundamentales de la Política, no llega a tener éxito en mi propia patria pero sí fuera de ella, en cuanto a resonancia y trascendencia internacional ──¡cuán consciente soy de la factible persecución política..., en contra de quienes se atreven como yo a desenmascarar el Régimen imperante en Colombia (y el mundo), y, paralelamente, en El Vaticano, la supuesta Santa Sede de la Iglesia de Cristo──, lo deberé en gran parte a la trascendentalidad de la cuestión candente que aquí censuro abiertamente, aun a riesgo de mi vida y bienestar ──y no sin temor natural, sale hoy a la luz pública esta obra como paradigma de carácter y amor a la Libertad; sin embargo, no creo haber carecido totalmente de genio y virtud. Cuando he visto lo que tantos grandes pensadores han escrito antes que yo, en Grecia, en Alemania, en Rusia, en Francia, en Italia, en España y en tantos otros países del mundo, he sentido admiración, pero sin desalentarme he seguido escribiendo hasta terminar lo que cinco lustros atrás comencé, y decir ahora, como dijo MONTESQUIEU, citando al CORREGGIO: "Yo también soy pintor" pero de mi patria ancestral.
1. Común a todos los tres volúmenes de esta investigación, y obras fundamentales de la Política
2. Tal cual es tan enemigo de Colombia como de todos los países y pueblos cristianos del mundo
3. Ver post-scriptum al final de la obra
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